EL ROL DEL DOCENTE A DISTANCIA FRENTE AL USO DE LAS NUEVAS
TECNOLOGÍAS
Oscar De Majo
oscar.de.majo@mail.salvador.edu.ar
Programa a Distancia- Universidad del Salvador
Introducción
La evolución acelerada que la sociedad está experimentando, principalmente con los
fenómenos de globalización y de integración continental, requiere que la educación
brinde formas alternativas para poder enfrentar los desafíos del mundo de hoy. El
surgimiento y posterior valorización de modalidades de aprendizaje diferentes, con
nuevos paradigmas que demuestran que es posible tanto educar como educarse en
ambientes externos a los tradicionales de aula y "cara a cara" entre docente y alumno,
han obligado a buscar un replanteo de las distintas formas de educación en la
actualidad. Una de ellas, sin lugar a dudas, es la Educación a Distancia, pero no
reducida a una simple estrategia metodológica, sino como un nuevo paradigma
educativo, contextualizado en este escenario internacional y centrado en una
concepción diferente de la enseñanza y el aprendizaje, dinámicos y autodirigidos, con
una fuerte incidencia de las nuevas tecnologías.
La Educación a Distancia se presenta como una posibilidad para facilitar la extensión
de los programas y proyectos educativos a la población alejada geográficamente de
las sedes tradicionales o en razón de su realidad sociolaboral y familiar; facilita la
actualización y perfeccionamiento permanente de profesionales o de la población en
general, a los que puede brindarles un servicio educativo continuo, y atiende la
necesidad de autodeterminación del sujeto en su proceso de aprendizaje. Además,
respecto de su inserción laboral en la sociedad, ofrece la posibilidad de superar la
distancia educación/realidad, ya que presupone la formación del sujeto in situ y en
correspondencia con sus necesidades laborales específicas, tanto en la actualización
y perfeccionamiento de su especialidad como en la adquisición de las competencias
generales que exige el mercado laboral actual. Coincido con Fajardo (2000), que
afirma que "resulta claro que la enseñanza a distancia, con sus elementos de
educación abierta, también puede ser utilizada como un instrumento democratizador
de la educación, que amplía las fronteras y las posibilidades de que esta llegue a
todo aquel que la necesite, sin privilegios ni exclusiones", aunque habría que dejar en
claro que, con el advenimiento de las sofisticadas tecnologías que día a día se
incorporan en los nuevos programas de Educación a Distancia, se corre también el
peligro de que cada vez se convierta en más "elitista", sea accesible solamente para
privilegiados y cause más discriminación y más exclusión.
Aunque hay varias definiciones de Educación a Distancia, con la que más me
identifico es con la de Padula Perkins (2001), que dice que "...puede definirse como
una metodología educativa no presencial, basada en la comunicación pluridireccional
mediatizada, que implica amplias posibilidades de participación de estudiantes
dispersos, con un alto grado de autonomía de tiempo, espacio y compromiso, con una
orientación docente dada en el diseño, en la elección de los medios adecuados
para cada caso, en virtud de los temas y consideración de las posibilidades de acceso
de los destinatarios a los mismos y a las tutorías". En la actualidad, la educación a
distancia es además un proceso "organizado y validado socialmente mediante
acciones políticas, jurídicas, comunitarias y pedagógicas (...), con el propósito de
incorporar a un número mayor de sujetos en la conservación y transformación del
patrimonio cultural, científico y ético de una sociedad particular" (Herrera Sánchez,
2001), a lo que debería agregarse el diseño ad-hoc de los materiales, o sea la
producción de materiales adecuados a la modalidad, abordada, en la medida de lo
posible, desde un punto de vista tecnológico.
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Perteneciente al ámbito de la educación permanente, la Educación a Distancia
reconoce que la formación de los seres humanos, así como los procesos productivos
del conocimiento, dura toda la vida. Por lo tanto, la sociedad debe ofrecer diferentes
instancias educativas, que puedan convertirse en contextos de aprendizaje, y generar
un potencial productivo que tienda a aprovechar e impulsar, mediante la acción
educativa, la creatividad social, la investigación científica, la sistematización de
experiencias y la incorporación de la tecnología, como estrategias para producir
conocimientos, y lograr el desarrollo pleno del individuo y su inserción en la sociedad.
Esta educación para el cambio necesita ampliar sus alcances con el complemento de
nuevas propuestas, como la educación a distancia, que justamente aparece para dar
respuesta a la falta de alcance de la educación convencional.
Es necesario conocer rigurosamente el sistema conceptual y el lenguaje específico de
la educación a distancia, para poder sistematizar las ideas y principios que la
conforman, garantizar la adecuada comprensión de la modalidad, interpretar los
problemas que plantea y comprender los conocimientos ya consolidados en este
campo. También es importante comprender y analizar los procesos pedagógicos
basados en los sistemas de comunicación, imprescindibles en educación a distancia,
para lograr un diálogo fructífero entre el docente-tutor-orientador y el estudiantealumno,
diálogo que será siempre mediado, sea real, simulado, síncrónico o
asíncrónico. Finalmente, no deben olvidarse las técnicas, estrategias y modelos
educativos necesarios para el diseño, aplicación y valoración de métodos y técnicas
de investigación especializada de la educación a distancia, que puedan generar
teorías y mejorar la práctica.
La aplicación de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información a la
Educación a Distancia implica realizar modificaciones en cuanto al modo de establecer
la relación entre el paradigma instructivo predominante en las aulas, las posibilidades
de la tecnología y las competencias tecnológicas con las que debe contar el equipo
que diseñe las propuestas, para alcanzar un aprendizaje significativo. Esta es la única
forma en que la tecnología no se confunda con una fórmula mágica o con una gran
inversión sin contexto, y de que los docentes puedan comprender hasta dónde es
necesario cambiar para afrontar los cambios. Las nuevas tecnologías tienen una
incidencia muy importante en la forma en que los materiales tradicionales pueden ser
transmitidos; también influyen en la comunicación e interacción estudiante-profesor, lo
que modifica la realización de las orientaciones y las evaluaciones que deben
adaptarse a la nueva estructura. Sin embargo, es necesario poner ciertos límites al
entusiasmo y no olvidar que, aun representando una ayuda y un avance
importantísimos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ha de atenderse ante
todo la calidad del mensaje educativo en sí mismo. El desafío es encontrar en las
nuevas tecnologías una herramienta pedagógica que supere la mera consulta, el
entretenimiento, lo bonito y novedoso o el simple hecho de evitar trasladar el profesor
al aula; es decir, un diseño tecnológico en función del aprendizaje y de la enseñanza
que se pretende impartir.
El rol del profesor a distancia
No es fácil ser docente en educación a distancia. Si no es fácil serlo en educación
tradicional, menos aun lo es en una modalidad que realmente nos "distanciaría" de
nuestros alumnos si no asumimos el verdadero lugar que debemos ocupar como
educadores de una nueva modalidad en una nueva sociedad educativa. El reto que nos
impone la sociedad del conocimiento como educadores es el de lograr que nuestros
estudiantes aprendan a construir su propio destino, que asuman que tienen el rol
protagónico en el proceso de enseñanza-aprendizaje y que el profesor no es más que un
orientador que los guiará en el camino del autoaprendizaje, en el cual ellos son los
primeros responsables.
A pesar de la importancia de este "nuevo" profesor, uno de los roles menos definidos
y más discutidos de la modalidad a distancia es justamente el del docente, que ha
dado en llamarse tutor, orientador, instructor, asesor, pedagogo a distancia, etc. (según
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los distintos estudios; yo, a pesar de que me identifico mucho más con el de orientador,
voy a usar indistintamente esta terminología, o la de tutor -la más generalizada-, o
ambas combinadas). En principio, el tutor-orientador es el que se encarga de realizar las
orientaciones de los alumnos, a fin de que logren alcanzar los objetivos que se plantean
en el curso a distancia y desarrollen toda su potencialidad. Hasta ahora, a pesar de que
es un rol fundamental, ya que de él depende no solamente el aprendizaje, sino también
la permanencia o deserción de los alumnos, no hay un acuerdo claro sobre la definición
de su trabajo ni sobre el perfil que debe caracterizarlo. En términos generales,
consideramos que el papel de los orientadores es actuar como facilitadores del
aprendizaje acompañando, asesorando, informando, elaborando estrategias para
el trabajo individual y grupal de los alumnos y orientando sobre el uso y manejo
de los materiales. "Su objetivo principal es lograr que el alumno se convierta en
autogestor del aprendizaje (...) El gran desafío para los orientadores es cuidarse de no
fortalecer vínculos de dependencia y fomentar el aprendizaje autónomo" (Cataldo y Alén,
2000); además, todo docente a distancia debe "...encontrar nuevas maneras para
acceder y para representar conocimientos, desarrollar estrategias eficaces para
comunicarlos y consolidar habilidades complejas para lograr transferirlos de manera
positiva en las prácticas" (Libedinski, 1999).
En algunos casos, se considera al tutor solamente como un "instructor" que está
familiarizado con los contenidos y con aspectos de su organización, pero que no es un
experto en ellos, y que sólo guía el aprendizaje a través de un texto instructivo. En otros,
se habla de un equipo que cumple los roles de "conductor" y que es responsable de
elaborar los materiales, su diseño didáctico, interpretar y evaluar a los alumnos e
interactuar con ellos. También hay quienes separan al "orientador" del "tutor": el
orientador es el que guía el estudio y el aprendizaje, y el tutor es el especialista en
contenidos, que corrige y evalúa al alumno. Finalmente, otras teorías, con las que me
identifico, consideran el perfil de un "profesor-tutor-orientador" que, si bien no tiene
necesariamente que haber realizado los contenidos, es un experto en ellos y orientará al
alumno no solamente en el aprendizaje, sino también en la enseñanza. Considero como
ideal que los contenidistas sean los orientadores a distancia mientras el número de
alumnos lo permita, ya que el profesor es el más indicado para tratar con sus alumnos,
como se da en la enseñanza presencial. No conozco profesores que den las clases de
sus materias auxiliados por algún especialista en el área de la teoría educativa. De todas
formas, cada contenidista o grupo de contenidistas debe formar orientadores, vinculados
estrechamente a la producción de los contenidos, para cuando el número de alumnos
exceda al equipo docente propiamente dicho.
Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es que, a pesar de la supuesta distancia, el
docente de esta modalidad debe tener una gran capacidad para tratar con sus alumnos.
Aunque se supone que ambos no tienen una comunicación directa, en realidad el trato
es mucho más individual, mucho más personal, con mucha más atención a las
características particulares de cada alumno que en una clase presencial, en la que el
profesor muchas veces ni siquiera conoce a todos sus estudiantes. La modalidad a
distancia exige que el orientador conozca a la perfección a cada uno de sus
alumnos, sepa qué necesidades, qué limitaciones y qué capacidades tiene, para poder
orientarlo mejor.
Resumiendo, el tutor-orientador es el que debe brindar al alumno una plena dedicación
específica tutorial de asistencia didáctico-formativa en un sistema de educación a
distancia. Lo ideal es que sea también el autor de los contenidos, o haya participado
activamente en su confección. De no ser así, debe tratarse de un colaborador directo del
contenidista, y tener con él una comunicación fluida para consultar cualquier duda.
Obligatoriamente debe tratarse de un especialista en el área de la materia, ya que no se
puede orientar en lo que no se sabe, y debe tener la suficiente formación didáctica y
pedagógica en la modalidad a distancia para poder moverse cómodamente dentro de
ella. "Una de las grandes dificultades que han enfrentado los sistemas abiertos o a
distancia es el hecho de que la mayoría de los docentes que se desempeñan como
asesores dentro de ellos fueron alumnos de sistemas tradicionales y no han recibido
ninguna capacitación ni formación que los habilite para desenvolverse en sistemas
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alternos; por lo tanto, no comprenden su significado, su filosofía, sus estrategias y
difícilmente creen en ellos" (Galindo Rodríguez, 2001).
Mientras que en la enseñanza tradicional la función del docente es "...básicamente la
información, en los sistemas abiertos y a distancia su función es de guía, de orientación,
de retroalimentación y de motivación" (Galindo Rodríguez, op.cit.), en educación a
distancia el desafío es abandonar la masividad y suplirla por la personalización, para lo
cual no es necesaria la comunicación "cara a cara", sino "uno a uno", y en esto no
importan las distancias.
Como se ve, la función del docente a distancia es múltiple y mucho más compleja que la
de un docente presencial. Podemos sintetizarla, siguiendo a Castillo Arredondo (1995), a
Cataldo-Alén (2000) y a Herrera Sánchez (2001), de la siguiente forma:
• Función didáctica: la primera y fundamental. En la modalidad educativa a distancia
el alumno se convierte en el centro de la acción didáctica. Todos los elementos del
proceso están destinados a facilitar el proceso de aprendizaje de los alumnos a
distancia. Por eso el tutor-orientador debe obrar a partir de planteamientos claros y
eficaces en función de los que deben organizarse las situaciones de aprendizaje, que
permitan presentar, facilitar y seguir el comportamiento y la evolución de cada alumno.
Es importante también que el orientador promueva la comunicación "bidireccional",
respondiendo constantemente y en el menor tiempo posible, y que le ceda el
"protagonismo" y el rol activo al alumno, que seguramente sabe por sus experiencias
más de lo que suponemos.
• Función orientadora: en el aspecto orientador, el profesor tutor interviene
directamente con los alumnos, más allá de que haya sido o no el contenidista. Debe
asesorar teóricamente al alumno en el proceso de capacitación, recomendando el más
conveniente de los recorridos según sus características (si el curso tuviera más de uno,
como es recomendable que tenga), las actividades optativas que a cada uno le conviene
realizar, aclarar las dudas que pudieran surgir en el proceso de capacitación, asesorar
en el uso de las fuentes bibliográficas, ayudarlos en el enfoque adecuado de los estudios
que realizan, interesarse hasta por sus problemas personales que puedan incidir en el
aprendizaje, detectar las necesidades de cada alumno, aunque no se le planteen
directamente (puede ayudarse con encuentros presenciales, si la distancia y otros
aspectos lo permiten) y, fundamentalmente, orientar al alumno para que tome conciencia
de las características del aprendizaje a distancia y reflexione sobre los esfuerzos y
ventajas de la modalidad para poder encarar un proceso de autoaprendizaje. En
definitiva, lograr que el alumno se interese y se comprometa con el sistema, a fin de
evitar su deserción.
• Función evaluadora: la evaluación en los procesos a distancia es fundamental y
debe realizarse en forma constante. No alcanza con una evaluación final, y el tutororientador
debe estar evaluando constantemente al alumno. En los sistemas en que el
tutor no es especialista en los contenidos, sino en el área de la educación, debe "pasar"
la evaluación a los contenidistas, que no están en contacto con los alumnos y no los
conocen en forma particular y especial, por lo que se "rompe" la estrecha relación que
debe haber entre profesor y alumno en la modalidad a distancia, lo que ocasiona serios
riesgos de deserción. Por eso, el profesor debe comentar con los alumnos cada
evaluación, explicar y analizar los errores cometidos y ser flexible cuando se perciben
problemas. La simple "corrección" no alcanza. Además, el orientador debe convertirse
también en evaluador del sistema al que pertenece, pues nadie mejor que él para
detectar posibles fallas en el funcionamiento, los contenidos o la didáctica de los cursos.
• Función investigadora: el profesor a distancia se convierte en un eterno
investigador, no solamente en su especialidad (los alumnos a distancia preguntan
mucho más que los presenciales) y en los nuevos aportes de la didáctica a distancia,
sino en los propios procesos que desarrolla en las tutorías: revisar los comportamientos
didácticos, estudiar situaciones y estrategias nuevas, renovar la metodología y adaptarla
a cada caso, averiguar las dificultades más habituales de los alumnos, etc., lo que
implica llevar registros de datos, archivos, estadísticas, balance de resultados y todo lo
que pueda ayudarlo en su difícil tarea.
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• Función administrativa: por lo último expresado, el profesor a distancia no puede
dejar la función administrativa exclusivamente en manos de colaboradores o
subalternos, ya que forma parte del proceso didáctico, y debe cooperar activamente en
la administración del sistema.
De la capacidad del profesor tutor-orientador y de su manejo correcto de las
nuevas tecnologías del aprendizaje dependerá, en gran medida, la calidad de todo
un sistema a distancia, y fundamentalmente, de su relación con cada alumno. Como ya
dijimos, una de las grandes causas de deserción en la educación a distancia es la
"soledad" que siente el alumno en esta modalidad. Que el alumno no se sienta solo
depende exclusivamente de su tutor. "Así pues, el tutor debe ser un educador
convencido de que el conocimiento es una aventura incierta que conlleva en sí misma
ilusión y error, pero una gran oportunidad para llegar al aprendizaje permanente
continuo" (Herrera Sánchez, 2001).
Cuando comenzaron a tener demasiada incidencia las nuevas tecnologías en la
educación, muchos vieron en esto un futuro apocalíptico. Lyotard (1984), por ejemplo,
anunciaba el inminente fin de la era del Profesor, que, según él, no sería más
competente que las redes de memorias para transmitir el saber establecido ni para
imaginar nuevas jugadas para aprender a manejarlo. Justamente, el error de las
primeras incursiones de la tecnología en la Educación a Distancia fue pensar que este
"fin del profesor" que anunciaba Lyotard era verdadero, y no advertir que las nuevas
tecnologías por sí mismas no lograrían nada sin la intervención, cada vez más activa e
importante, de un profesor que, si bien no iba a desaparecer, iba a tener que replantear
su rol y capacitarse cada vez más.
E uso apropiado de las nuevas tecnologías
Desde hace algunos años existe una tendencia generalizada en la educación en
general y en la educación a distancia en particular, que es la de explorar e incorporar
nuevas tecnologías como recurso pedagógico, por lo que podemos hablar hoy de una
"alfabetización tecnológica", que se correspondería por su magnitud con lo que fue el
proceso general de alfabetización en el siglo XIX. La utilización de los recursos
audiovisuales, electrónicos e interactivos, que complementan y enriquecen las
posibilidades de éxito en los programas de educación a distancia, está extendiéndose
cada día más.
Por sus características, es fácil comprender la incidencia de las nuevas tecnologías en
la educación, una de las esferas más importantes de la actividad humana, que las
contempla tanto en el plano laboral como cotidiano. Si bien ha existido siempre una
tecnología utilizada por y para la educación, justamente a partir del advenimiento de
la sociedad de la información es cuando comienza a hablarse con más
insistencia de la "tecnología educativa".
La tecnología educativa es la tecnología aplicada a la educación como estrategia para
optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero para ser efectiva debe tratarse de
una tecnología educativa apropiada, que es la "organización integrada de hombres,
significados, conceptualizaciones, artefactos simples y/o equipos más complejos,
pertinentemente adaptados, que se utilizan para la elaboración, implementación y
evaluación de programas educativos que tienden a la promoción del aprendizaje
contextuado de un modo libre y creador" (Fainholc, 1992).
La tecnología educativa apropiada apunta a robustecer el derecho a la educación, por
lo que debe estar al servicio de la sociedad, lo que "...no significa solo fortificar la
igualdad de acceso al sistema educativo, sino revisar los procedimientos internos
discriminatorios que impiden la permanencia de los estudiantes y la igualdad de
aprendizajes de las ofertas educativas existentes y aquellos otros referidos a la calidad
del servicio ofertado" (Fainholc, op.cit.). Decía el Ministro de Educación de Colombia,
en el año 1998, en una realidad que puede considerarse común a toda América Latina:
"La utilización adecuada de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información
desempeña un papel fundamental en la medida en que se conviertan en mediaciones
pedagógicas que incrementen la calidad académica, aumenten la cobertura y
favorezcan la equidad social y regional " (Niño Diez, 1998).
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