sábado, 19 de junio de 2010

competencias

EL ROL DEL DOCENTE A DISTANCIA FRENTE AL USO DE LAS NUEVAS

TECNOLOGÍAS

Oscar De Majo

oscar.de.majo@mail.salvador.edu.ar

Programa a Distancia- Universidad del Salvador

Introducción

La evolución acelerada que la sociedad está experimentando, principalmente con los

fenómenos de globalización y de integración continental, requiere que la educación

brinde formas alternativas para poder enfrentar los desafíos del mundo de hoy. El

surgimiento y posterior valorización de modalidades de aprendizaje diferentes, con

nuevos paradigmas que demuestran que es posible tanto educar como educarse en

ambientes externos a los tradicionales de aula y "cara a cara" entre docente y alumno,

han obligado a buscar un replanteo de las distintas formas de educación en la

actualidad. Una de ellas, sin lugar a dudas, es la Educación a Distancia, pero no

reducida a una simple estrategia metodológica, sino como un nuevo paradigma

educativo, contextualizado en este escenario internacional y centrado en una

concepción diferente de la enseñanza y el aprendizaje, dinámicos y autodirigidos, con

una fuerte incidencia de las nuevas tecnologías.

La Educación a Distancia se presenta como una posibilidad para facilitar la extensión

de los programas y proyectos educativos a la población alejada geográficamente de

las sedes tradicionales o en razón de su realidad sociolaboral y familiar; facilita la

actualización y perfeccionamiento permanente de profesionales o de la población en

general, a los que puede brindarles un servicio educativo continuo, y atiende la

necesidad de autodeterminación del sujeto en su proceso de aprendizaje. Además,

respecto de su inserción laboral en la sociedad, ofrece la posibilidad de superar la

distancia educación/realidad, ya que presupone la formación del sujeto in situ y en

correspondencia con sus necesidades laborales específicas, tanto en la actualización

y perfeccionamiento de su especialidad como en la adquisición de las competencias

generales que exige el mercado laboral actual. Coincido con Fajardo (2000), que

afirma que "resulta claro que la enseñanza a distancia, con sus elementos de

educación abierta, también puede ser utilizada como un instrumento democratizador

de la educación, que amplía las fronteras y las posibilidades de que esta llegue a

todo aquel que la necesite, sin privilegios ni exclusiones", aunque habría que dejar en

claro que, con el advenimiento de las sofisticadas tecnologías que día a día se

incorporan en los nuevos programas de Educación a Distancia, se corre también el

peligro de que cada vez se convierta en más "elitista", sea accesible solamente para

privilegiados y cause más discriminación y más exclusión.

Aunque hay varias definiciones de Educación a Distancia, con la que más me

identifico es con la de Padula Perkins (2001), que dice que "...puede definirse como

una metodología educativa no presencial, basada en la comunicación pluridireccional

mediatizada, que implica amplias posibilidades de participación de estudiantes

dispersos, con un alto grado de autonomía de tiempo, espacio y compromiso, con una

orientación docente dada en el diseño, en la elección de los medios adecuados

para cada caso, en virtud de los temas y consideración de las posibilidades de acceso

de los destinatarios a los mismos y a las tutorías". En la actualidad, la educación a

distancia es además un proceso "organizado y validado socialmente mediante

acciones políticas, jurídicas, comunitarias y pedagógicas (...), con el propósito de

incorporar a un número mayor de sujetos en la conservación y transformación del

patrimonio cultural, científico y ético de una sociedad particular" (Herrera Sánchez,

2001), a lo que debería agregarse el diseño ad-hoc de los materiales, o sea la

producción de materiales adecuados a la modalidad, abordada, en la medida de lo

posible, desde un punto de vista tecnológico.

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Perteneciente al ámbito de la educación permanente, la Educación a Distancia

reconoce que la formación de los seres humanos, así como los procesos productivos

del conocimiento, dura toda la vida. Por lo tanto, la sociedad debe ofrecer diferentes

instancias educativas, que puedan convertirse en contextos de aprendizaje, y generar

un potencial productivo que tienda a aprovechar e impulsar, mediante la acción

educativa, la creatividad social, la investigación científica, la sistematización de

experiencias y la incorporación de la tecnología, como estrategias para producir

conocimientos, y lograr el desarrollo pleno del individuo y su inserción en la sociedad.

Esta educación para el cambio necesita ampliar sus alcances con el complemento de

nuevas propuestas, como la educación a distancia, que justamente aparece para dar

respuesta a la falta de alcance de la educación convencional.

Es necesario conocer rigurosamente el sistema conceptual y el lenguaje específico de

la educación a distancia, para poder sistematizar las ideas y principios que la

conforman, garantizar la adecuada comprensión de la modalidad, interpretar los

problemas que plantea y comprender los conocimientos ya consolidados en este

campo. También es importante comprender y analizar los procesos pedagógicos

basados en los sistemas de comunicación, imprescindibles en educación a distancia,

para lograr un diálogo fructífero entre el docente-tutor-orientador y el estudiantealumno,

diálogo que será siempre mediado, sea real, simulado, síncrónico o

asíncrónico. Finalmente, no deben olvidarse las técnicas, estrategias y modelos

educativos necesarios para el diseño, aplicación y valoración de métodos y técnicas

de investigación especializada de la educación a distancia, que puedan generar

teorías y mejorar la práctica.

La aplicación de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información a la

Educación a Distancia implica realizar modificaciones en cuanto al modo de establecer

la relación entre el paradigma instructivo predominante en las aulas, las posibilidades

de la tecnología y las competencias tecnológicas con las que debe contar el equipo

que diseñe las propuestas, para alcanzar un aprendizaje significativo. Esta es la única

forma en que la tecnología no se confunda con una fórmula mágica o con una gran

inversión sin contexto, y de que los docentes puedan comprender hasta dónde es

necesario cambiar para afrontar los cambios. Las nuevas tecnologías tienen una

incidencia muy importante en la forma en que los materiales tradicionales pueden ser

transmitidos; también influyen en la comunicación e interacción estudiante-profesor, lo

que modifica la realización de las orientaciones y las evaluaciones que deben

adaptarse a la nueva estructura. Sin embargo, es necesario poner ciertos límites al

entusiasmo y no olvidar que, aun representando una ayuda y un avance

importantísimos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ha de atenderse ante

todo la calidad del mensaje educativo en sí mismo. El desafío es encontrar en las

nuevas tecnologías una herramienta pedagógica que supere la mera consulta, el

entretenimiento, lo bonito y novedoso o el simple hecho de evitar trasladar el profesor

al aula; es decir, un diseño tecnológico en función del aprendizaje y de la enseñanza

que se pretende impartir.

El rol del profesor a distancia

No es fácil ser docente en educación a distancia. Si no es fácil serlo en educación

tradicional, menos aun lo es en una modalidad que realmente nos "distanciaría" de

nuestros alumnos si no asumimos el verdadero lugar que debemos ocupar como

educadores de una nueva modalidad en una nueva sociedad educativa. El reto que nos

impone la sociedad del conocimiento como educadores es el de lograr que nuestros

estudiantes aprendan a construir su propio destino, que asuman que tienen el rol

protagónico en el proceso de enseñanza-aprendizaje y que el profesor no es más que un

orientador que los guiará en el camino del autoaprendizaje, en el cual ellos son los

primeros responsables.

A pesar de la importancia de este "nuevo" profesor, uno de los roles menos definidos

y más discutidos de la modalidad a distancia es justamente el del docente, que ha

dado en llamarse tutor, orientador, instructor, asesor, pedagogo a distancia, etc. (según

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los distintos estudios; yo, a pesar de que me identifico mucho más con el de orientador,

voy a usar indistintamente esta terminología, o la de tutor -la más generalizada-, o

ambas combinadas). En principio, el tutor-orientador es el que se encarga de realizar las

orientaciones de los alumnos, a fin de que logren alcanzar los objetivos que se plantean

en el curso a distancia y desarrollen toda su potencialidad. Hasta ahora, a pesar de que

es un rol fundamental, ya que de él depende no solamente el aprendizaje, sino también

la permanencia o deserción de los alumnos, no hay un acuerdo claro sobre la definición

de su trabajo ni sobre el perfil que debe caracterizarlo. En términos generales,

consideramos que el papel de los orientadores es actuar como facilitadores del

aprendizaje acompañando, asesorando, informando, elaborando estrategias para

el trabajo individual y grupal de los alumnos y orientando sobre el uso y manejo

de los materiales. "Su objetivo principal es lograr que el alumno se convierta en

autogestor del aprendizaje (...) El gran desafío para los orientadores es cuidarse de no

fortalecer vínculos de dependencia y fomentar el aprendizaje autónomo" (Cataldo y Alén,

2000); además, todo docente a distancia debe "...encontrar nuevas maneras para

acceder y para representar conocimientos, desarrollar estrategias eficaces para

comunicarlos y consolidar habilidades complejas para lograr transferirlos de manera

positiva en las prácticas" (Libedinski, 1999).

En algunos casos, se considera al tutor solamente como un "instructor" que está

familiarizado con los contenidos y con aspectos de su organización, pero que no es un

experto en ellos, y que sólo guía el aprendizaje a través de un texto instructivo. En otros,

se habla de un equipo que cumple los roles de "conductor" y que es responsable de

elaborar los materiales, su diseño didáctico, interpretar y evaluar a los alumnos e

interactuar con ellos. También hay quienes separan al "orientador" del "tutor": el

orientador es el que guía el estudio y el aprendizaje, y el tutor es el especialista en

contenidos, que corrige y evalúa al alumno. Finalmente, otras teorías, con las que me

identifico, consideran el perfil de un "profesor-tutor-orientador" que, si bien no tiene

necesariamente que haber realizado los contenidos, es un experto en ellos y orientará al

alumno no solamente en el aprendizaje, sino también en la enseñanza. Considero como

ideal que los contenidistas sean los orientadores a distancia mientras el número de

alumnos lo permita, ya que el profesor es el más indicado para tratar con sus alumnos,

como se da en la enseñanza presencial. No conozco profesores que den las clases de

sus materias auxiliados por algún especialista en el área de la teoría educativa. De todas

formas, cada contenidista o grupo de contenidistas debe formar orientadores, vinculados

estrechamente a la producción de los contenidos, para cuando el número de alumnos

exceda al equipo docente propiamente dicho.

Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es que, a pesar de la supuesta distancia, el

docente de esta modalidad debe tener una gran capacidad para tratar con sus alumnos.

Aunque se supone que ambos no tienen una comunicación directa, en realidad el trato

es mucho más individual, mucho más personal, con mucha más atención a las

características particulares de cada alumno que en una clase presencial, en la que el

profesor muchas veces ni siquiera conoce a todos sus estudiantes. La modalidad a

distancia exige que el orientador conozca a la perfección a cada uno de sus

alumnos, sepa qué necesidades, qué limitaciones y qué capacidades tiene, para poder

orientarlo mejor.

Resumiendo, el tutor-orientador es el que debe brindar al alumno una plena dedicación

específica tutorial de asistencia didáctico-formativa en un sistema de educación a

distancia. Lo ideal es que sea también el autor de los contenidos, o haya participado

activamente en su confección. De no ser así, debe tratarse de un colaborador directo del

contenidista, y tener con él una comunicación fluida para consultar cualquier duda.

Obligatoriamente debe tratarse de un especialista en el área de la materia, ya que no se

puede orientar en lo que no se sabe, y debe tener la suficiente formación didáctica y

pedagógica en la modalidad a distancia para poder moverse cómodamente dentro de

ella. "Una de las grandes dificultades que han enfrentado los sistemas abiertos o a

distancia es el hecho de que la mayoría de los docentes que se desempeñan como

asesores dentro de ellos fueron alumnos de sistemas tradicionales y no han recibido

ninguna capacitación ni formación que los habilite para desenvolverse en sistemas

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alternos; por lo tanto, no comprenden su significado, su filosofía, sus estrategias y

difícilmente creen en ellos" (Galindo Rodríguez, 2001).

Mientras que en la enseñanza tradicional la función del docente es "...básicamente la

información, en los sistemas abiertos y a distancia su función es de guía, de orientación,

de retroalimentación y de motivación" (Galindo Rodríguez, op.cit.), en educación a

distancia el desafío es abandonar la masividad y suplirla por la personalización, para lo

cual no es necesaria la comunicación "cara a cara", sino "uno a uno", y en esto no

importan las distancias.

Como se ve, la función del docente a distancia es múltiple y mucho más compleja que la

de un docente presencial. Podemos sintetizarla, siguiendo a Castillo Arredondo (1995), a

Cataldo-Alén (2000) y a Herrera Sánchez (2001), de la siguiente forma:

Función didáctica: la primera y fundamental. En la modalidad educativa a distancia

el alumno se convierte en el centro de la acción didáctica. Todos los elementos del

proceso están destinados a facilitar el proceso de aprendizaje de los alumnos a

distancia. Por eso el tutor-orientador debe obrar a partir de planteamientos claros y

eficaces en función de los que deben organizarse las situaciones de aprendizaje, que

permitan presentar, facilitar y seguir el comportamiento y la evolución de cada alumno.

Es importante también que el orientador promueva la comunicación "bidireccional",

respondiendo constantemente y en el menor tiempo posible, y que le ceda el

"protagonismo" y el rol activo al alumno, que seguramente sabe por sus experiencias

más de lo que suponemos.

Función orientadora: en el aspecto orientador, el profesor tutor interviene

directamente con los alumnos, más allá de que haya sido o no el contenidista. Debe

asesorar teóricamente al alumno en el proceso de capacitación, recomendando el más

conveniente de los recorridos según sus características (si el curso tuviera más de uno,

como es recomendable que tenga), las actividades optativas que a cada uno le conviene

realizar, aclarar las dudas que pudieran surgir en el proceso de capacitación, asesorar

en el uso de las fuentes bibliográficas, ayudarlos en el enfoque adecuado de los estudios

que realizan, interesarse hasta por sus problemas personales que puedan incidir en el

aprendizaje, detectar las necesidades de cada alumno, aunque no se le planteen

directamente (puede ayudarse con encuentros presenciales, si la distancia y otros

aspectos lo permiten) y, fundamentalmente, orientar al alumno para que tome conciencia

de las características del aprendizaje a distancia y reflexione sobre los esfuerzos y

ventajas de la modalidad para poder encarar un proceso de autoaprendizaje. En

definitiva, lograr que el alumno se interese y se comprometa con el sistema, a fin de

evitar su deserción.

Función evaluadora: la evaluación en los procesos a distancia es fundamental y

debe realizarse en forma constante. No alcanza con una evaluación final, y el tutororientador

debe estar evaluando constantemente al alumno. En los sistemas en que el

tutor no es especialista en los contenidos, sino en el área de la educación, debe "pasar"

la evaluación a los contenidistas, que no están en contacto con los alumnos y no los

conocen en forma particular y especial, por lo que se "rompe" la estrecha relación que

debe haber entre profesor y alumno en la modalidad a distancia, lo que ocasiona serios

riesgos de deserción. Por eso, el profesor debe comentar con los alumnos cada

evaluación, explicar y analizar los errores cometidos y ser flexible cuando se perciben

problemas. La simple "corrección" no alcanza. Además, el orientador debe convertirse

también en evaluador del sistema al que pertenece, pues nadie mejor que él para

detectar posibles fallas en el funcionamiento, los contenidos o la didáctica de los cursos.

Función investigadora: el profesor a distancia se convierte en un eterno

investigador, no solamente en su especialidad (los alumnos a distancia preguntan

mucho más que los presenciales) y en los nuevos aportes de la didáctica a distancia,

sino en los propios procesos que desarrolla en las tutorías: revisar los comportamientos

didácticos, estudiar situaciones y estrategias nuevas, renovar la metodología y adaptarla

a cada caso, averiguar las dificultades más habituales de los alumnos, etc., lo que

implica llevar registros de datos, archivos, estadísticas, balance de resultados y todo lo

que pueda ayudarlo en su difícil tarea.

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Función administrativa: por lo último expresado, el profesor a distancia no puede

dejar la función administrativa exclusivamente en manos de colaboradores o

subalternos, ya que forma parte del proceso didáctico, y debe cooperar activamente en

la administración del sistema.

De la capacidad del profesor tutor-orientador y de su manejo correcto de las

nuevas tecnologías del aprendizaje dependerá, en gran medida, la calidad de todo

un sistema a distancia, y fundamentalmente, de su relación con cada alumno. Como ya

dijimos, una de las grandes causas de deserción en la educación a distancia es la

"soledad" que siente el alumno en esta modalidad. Que el alumno no se sienta solo

depende exclusivamente de su tutor. "Así pues, el tutor debe ser un educador

convencido de que el conocimiento es una aventura incierta que conlleva en sí misma

ilusión y error, pero una gran oportunidad para llegar al aprendizaje permanente

continuo" (Herrera Sánchez, 2001).

Cuando comenzaron a tener demasiada incidencia las nuevas tecnologías en la

educación, muchos vieron en esto un futuro apocalíptico. Lyotard (1984), por ejemplo,

anunciaba el inminente fin de la era del Profesor, que, según él, no sería más

competente que las redes de memorias para transmitir el saber establecido ni para

imaginar nuevas jugadas para aprender a manejarlo. Justamente, el error de las

primeras incursiones de la tecnología en la Educación a Distancia fue pensar que este

"fin del profesor" que anunciaba Lyotard era verdadero, y no advertir que las nuevas

tecnologías por sí mismas no lograrían nada sin la intervención, cada vez más activa e

importante, de un profesor que, si bien no iba a desaparecer, iba a tener que replantear

su rol y capacitarse cada vez más.

E uso apropiado de las nuevas tecnologías

Desde hace algunos años existe una tendencia generalizada en la educación en

general y en la educación a distancia en particular, que es la de explorar e incorporar

nuevas tecnologías como recurso pedagógico, por lo que podemos hablar hoy de una

"alfabetización tecnológica", que se correspondería por su magnitud con lo que fue el

proceso general de alfabetización en el siglo XIX. La utilización de los recursos

audiovisuales, electrónicos e interactivos, que complementan y enriquecen las

posibilidades de éxito en los programas de educación a distancia, está extendiéndose

cada día más.

Por sus características, es fácil comprender la incidencia de las nuevas tecnologías en

la educación, una de las esferas más importantes de la actividad humana, que las

contempla tanto en el plano laboral como cotidiano. Si bien ha existido siempre una

tecnología utilizada por y para la educación, justamente a partir del advenimiento de

la sociedad de la información es cuando comienza a hablarse con más

insistencia de la "tecnología educativa".

La tecnología educativa es la tecnología aplicada a la educación como estrategia para

optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero para ser efectiva debe tratarse de

una tecnología educativa apropiada, que es la "organización integrada de hombres,

significados, conceptualizaciones, artefactos simples y/o equipos más complejos,

pertinentemente adaptados, que se utilizan para la elaboración, implementación y

evaluación de programas educativos que tienden a la promoción del aprendizaje

contextuado de un modo libre y creador" (Fainholc, 1992).

La tecnología educativa apropiada apunta a robustecer el derecho a la educación, por

lo que debe estar al servicio de la sociedad, lo que "...no significa solo fortificar la

igualdad de acceso al sistema educativo, sino revisar los procedimientos internos

discriminatorios que impiden la permanencia de los estudiantes y la igualdad de

aprendizajes de las ofertas educativas existentes y aquellos otros referidos a la calidad

del servicio ofertado" (Fainholc, op.cit.). Decía el Ministro de Educación de Colombia,

en el año 1998, en una realidad que puede considerarse común a toda América Latina:

"La utilización adecuada de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información

desempeña un papel fundamental en la medida en que se conviertan en mediaciones

pedagógicas que incrementen la calidad académica, aumenten la cobertura y

favorezcan la equidad social y regional " (Niño Diez, 1998).

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